PROFUNDA MARI TRINI
He estado con Mari Trini en varias oportunidades esta pasada semana. Y qué quieren que les diga. Mari Trini sigue siendo esa mujer tremendamente sincera que ha sido siempre. Hay en sus ojos alegría por la vuelta, y tristeza, esa tristeza que es, quizá, uno de los grandes secretos de su música. En todos los temas de la Mari Trini de siempre hay como una desazón, como una búsqueda de motivos para sentirse viva, apoyando todo en el amor, casi siempre la necesidad de amor o las penas de ese mismo amor. Alguien me dijo que se iba a retirar pronto, nos entras unos locos deseos de mandar todo a paseo y dedicarnos a vivir de verdad. Luego, por muchas razones, olvidamos todo eso y nos zambullimos otra vez en el trabajo con más fuerza que antes. Mari Trini no se retira. Y no solamente eso, es que cada día lo hace mejor. Siempre, cuando sale un disco de ella, establecemos sin querer una comparación con “Amores”. En esta ocasión, en su último álbum hay canciones que superan a “Amores” y que tienen muchas más cosas dentro. Es una Mari Trini más hecha, que ha ganado en vivencias, que ha sabido encerrarse con ella y con los responsables del disco durante días y días, para compartir ideas y realidades. Me gusta lo que hace. Y cuando estoy a su lado, me entran ganas de preguntarle cosas, cosas que yo sé que tiene dentro y que algún día me tendrá que decir de tú a tú. Me falta –es cierto- la gran entrevista con Mari Trini. De todas maneras, oír este último álbum es oírla a ella por todas partes, hecha pedazos de música y de palabras.
1981-Revista HOLA-12 de Diciembre-Pág.71 |